martes, 3 de mayo de 2011

LA DELINCUENCIA: MÁS ALLÁ DE LA POBREZA

Por:
Ángel Custodio Velásquez
            A la delincuencia en Venezuela comúnmente se le ha dado una explicación  sólo desde la pobreza; la cual si bien es un factor insoslayable, los móviles que llevan a delinquir en este país rebasan la condición de pobre y se sitúan en espacios más profundos asociados a factores psicosociales;  a los valores, principios y contenidos informacionales con los que se ha venido construyendo el imaginario social venezolano desde las primeras dos décadas del siglo XX con el montaje de  un estilo de vida hedonista y consumista,  sostenido con la renta petrolera. Si la delincuencia fuese producida sólo por la pobreza, ¿cómo se explica que personas y grupos provenientes de sectores medios de la sociedad; incluso empresarios, funcionarios públicos, profesionales, entre otros, sin aparentes necesidades materiales pero con muchas carencias espirituales, se apropien de lo ajeno?, ¿cómo explicar que hijos de familias adineradas de este país que estudian en colegios hiperexclusivos y supercaros, se roben entre ellos?. Esto obliga a ampliar la visión del problema incorporando otros móviles que no se ven en la expresión  fenoménica del problema pero, sin duda,  existen.
       I.            La subjetividad de los venezolanos se ha formado con los antivalores del capitalismo
            La subjetividad de los seres humanos en la sociedad capitalista, es una síntesis aproximada de ésta, construida a través de los procesos de socialización y de  las prácticas sociales diversas realizadas en la vida cotidiana. En este contexto socio-histórico, los seres humanos se apropian de concepciones de vida; principios y valores aprendidos en la educación formal e informal; hábitos, costumbres, tradiciones, creencias que conforman patrones de vida diferenciados; formas de ver y concebir la vida, modelados por la lógica del capital y su ideología.
            En efecto, el capitalismo tiene sus bases en la producción social y en la apropiación privada del producto del trabajo de la sociedad, que hace se divida  en unos pocos que concentran las riquezas del país, y una mayoría despojada de riqueza social; se fundamenta  en la competencia y la acumulación de la plusvalía sustraída a los trabajadores manuales e intelectuales; acumular capital y maximizar, a grados inusitados, sus ganancias. Para ello, los capitalistas tienen que vender las mercancías que producen los trabajadores porque de lo contrario se genera una crisis de sobre- producción. Pero llega un momento en que una parte importante de la sociedad no puede comprar las mercancías porque su salario real ha sido desvalorizado a través de diversos mecanismos inflacionarios, que quedan casi imposibilitados para comprar su sustento para sobrevivir. Cuando esto sucede, los mercados se saturan de mercancías y se abre una tendencia a la recesión económica y a una baja de los precios. Como a los capitalistas los mueve la lógica de la máxima ganancia, la que no pueden alcanzar con una baja de precios, buscan restablecer la capacidad de consumo de la sociedad, para lo cual recurren a que el Estado mejore el poder adquisitivo de la sociedad con aumento de sueldos y/o salarios, bonos, etc.; pero fundamentalmente se apoyan en la industria  de la publicidad para inducir a un consumo compulsivo a través de la manipulación de la psique de la sociedad y, de esa manera, recuperar la tasa de ganancia y seguir reproduciendo su capital.
    II.            La industria publicitaria te obliga a consumir generando necesidades que no tienes
Para manipular la psique, los mensajes publicitarios son diseñados a partir de estudios Psicológicos, antropológicos, semióticos y sociológicos, y explotan las carencias psicosociales presentes en la sociedad como: autoestima bajo, falta de reconocimiento, status, poder, sexo, entre otras. Estas carencias, al igual que antivalores como el individualismo, la vida fácil, el inmediatismo, la viveza criolla, la violencia, las manejan articulándolas con  figuras y mensajes significativos; símbolos, según el caso. Los mensajes van dirigidos a los denominados mercados segmentados (jóvenes, adolescentes, mujeres, adultos mayores, entre otros) y son difundidos a través de los diversos medios de comunicación, sobre todo, los televisivos  a través de comerciales, novelas, series, comedias, películas, concursos de belleza, desfile de modas, comics con un gran impacto en la psique  que  hacen que la gente compre lo que no necesita y deje de comprar lo que realmente necesita. Es decir es una terrible y perversa manipulación de los seres humanos. Esto hace que los empresarios y dueños de medios acumulen grandes ganancias y  que el sector social a quien está dirigido el mensaje se desviva por comprar “lo que está de moda” porque “sale en la televisión” o es la prenda de vestir que usa tal o cual figura de la televisión.
 III.            El capitalismo es un sistema autoritario y antidemocrático
 Esto es así porque el capitalismo es un orden social autoritario, nada democrático, organizado verticalmente y en el que la apropiación privada del trabajo social divide a la sociedad en sectores y clases sociales desiguales en la que los sectores medios y bajos  tienden a imitar a quienes han acumulado riqueza, fama, poder, etc. Asimismo,  los empresarios venden más y recuperan sus ganancias y  se legitiman los antivalores del capitalismo que la sociedad asume como si fuese algo innato del ser humano. No es casual que mucha gente sostenga que el dinero lo es todo; con el dinero se puede comprar hasta el amor: “el dinero es la grasa que afloja la tuerca más dura”, cuando el mundo no siempre ha vivido teniendo como base el dinero. Este es un producto del capitalismo que, como toda producción histórica, está previsto desaparezca.
Ahora bien, ¿qué pasa con aquellas personas que no pueden comprar pero que son bombardeado constantemente al consumo?. Estas personas generalmente provenientes de sectores pobres y medios de la sociedad, se le produce una tensión entre la necesidad de consumir y la imposibilidad de no tener cómo hacerlo. Al no tener  posibilidad de obtener estos productos que simbolizan progreso, status, reconocimiento social u otra de las carencias ya descritas, que le ofertan en los medios y  centros comerciales; sufren grandes frustraciones. Muchos de ellos pasan por procesos depresivos, se aíslan socialmente y expresan sus frustraciones a través de la envidia, en actitudes de  resentimiento; lo que algunas veces se traduce en violencia hacia el otro, que se va haciendo cotidiano y “normal”.
 IV.            La frustración por no poder consumir induce a delinquir
 Muchas de estas personas al no obtener estos símbolos de status y progreso por vías lícitas, deciden resolver su frustración delinquiendo: no importa si para ello tienen que quitarle la vida a otros. Esto explica que algunas personas asesinan  para quitar unos nike, un blackberry, un carro último modelo de marca. Si la necesidad fuese calzarse, comunicarse o trasladarse robaran cualquier marca de zapato, teléfono o de vehículo. Si la necesidad fuese  alimentarse, atracaran por comida. ¿Cuántos robos, atracos o secuestros tienen registrados los cuerpos policiales  por comida o alimentos?. El móvil de la mayoría de los atracos, robos o secuestros es por dinero o para poseer los productos de status de moda en el mercado para ser reconocidos socialmente y así sentirse realizados; porque en el capitalismo la persona es valorada por lo que tiene; no por lo que es o sabe.
El fenómeno de la manipulación de la psique hace más mella aún en adolescentes y jóvenes quienes no poseen una formación sólida de valores  que les permita ofrecerle resistencia y evitar delinquir. Cuando la delincuencia se hace una práctica social exitosa ayudada por la impunidad y reforzada por el mensaje mediático y los delincuentes encuentran una manera de obtener los bienes que los realiza y  llevar una vida hedonista, se va construyendo un imaginario social en el cual delinquir “es un trabajo”. Y lo más grave: los jefes de las bandas son vistos como héroes y con respeto en el barrio, es decir, ganan ascendencia en sectores de la población, a tal punto que  se granjean a la muchacha más bonita del sector donde habitan y los niños tienden a imitar la conducta del delincuente. Asimismo, los corruptos son vistos como personas exitosas porque tienen capacidad de consumo. Robar se ha hecho una costumbre en muchos sectores y pareciera ser algo normal que no se cuestiona.
    V.            ¿Cómo ha sucedido esto en Venezuela?
Con la economía rentista que se empieza a conformar en Venezuela a partir de 1927 aproximadamente, se fue construyendo un Estado populista que distribuía la renta petrolera desigualmente: la mayor parte estaba reservada a las élites que les correspondió dirigir el país hasta 1998; mientras que las migajas quedaban para mitigar las necesidades de las grandes mayorías. Sin embargo, se había conformado una burguesía importadora que exacerbó el  traslado al país de las modas europeas, que habían alcanzado significativo auge durante el gobierno de Antonio Guzmán Blanco (1870-1899), compuesta por toda clase de baratijas compradas por las familias pudientes, siguiendo el sueño de “ser como Europa”. Con la bonanza petrolera el Estado populista fue acumulando una gran renta que permitió palear a punta de dinero parte de las nunca resueltas demandas de los sectores populares; aumentar y privilegiar el consumo de los sectores medios y altos de la sociedad. Se vendía “el sueño americano”, sin abandonar del todo el “sueño europeo”, como la meca de la felicidad. Esto fue conformando un imaginario del progreso fundado en la renta petrolera como sinónimo de riqueza y felicidad social. Se masificó la idea de que “somos un país rico” y, por tanto, “el Estado lo resuelve todo”. Esto llevó a una gran dilapidación de los recursos provenientes del petróleo por las élites en el poder expresado en una vida de goces, viajes de placeres y compra de cosas que no se necesitaban. A este tipo de práctica  Rodolfo Quintero le denominó la cultura del petróleo como una exacerbación del consumo;  y a Mario Briceño Iragorry, a principios del siglo XX, a llamar la atención en el sentido que estábamos adoptando “costumbres extrañas”, ajenas a las nuestras. Copiamos valores y costumbres provenientes, sobre todo,  de Francia y los Estados Unidos.
Esto tomó un gran auge en el período que va de 1960 a 1998 y, particularmente, en el primer gobierno de Carlos Andrés (1973-1978) en el que se identificaba a los venezolanos mayameros con el refrán: “ta’ barato dame dos”. Las élites en el poder, seguida por los sectores medios  de la sociedad  imitándolos, cambiaban de carro, muebles, artefactos electrodomésticos casi todos los diciembres, importándoles poco si les quedaba para comer o resolver problemas de salud. Los pobres también hicieron serios esfuerzos por copiar la vida consumista, para sentirse igualados con lo que consideraban era la alta sociedad y ser reconocidos. Se simulaba ser lo que no-se-era y se escondía  lo que realmente se-era. En ese tiempo se llegó a hablar en Venezuela de la cultura del neo-riquismo en la que las élites en el poder acumularon riquezas a través del robo y del capital especulativo.
 VI.            El Estado populista-paternal contribuyó a generar una cultura facilista en los venezolanos
Con la acción del Estado populista-paternal se fue generando un imaginario social caracterizado por el facilismo; con el cual  si no era el Estado,  era el gremio o el sindicato que le paleaba problemas a la gente sin participación de los ciudadanos. Esto fue conformando una idea según la cual cualquiera de estas entidades estaba obligada a resolver los problemas de la gente; por tanto no se asumía responsabilidad ni existía sentido de pertenencia. Era común escuchar cuando una escuela estaba en mal estado: “eso tiene que resolverlo el Estado”. O cuando alguien trabajaba mucho: “tú trabajas más que un negro”, “los ricos están completos”, etc. Mucha gente se acostumbró a obtener las cosas con el mínimo esfuerzo; a ver el trabajo no como una necesidad que dignifica al ser humano sino como una obligación; el estudio fue visto como la forma de ascender socialmente y se estudiaba para no trabajar sino “para mandar”. Este antivalor fue reforzado con el robo que hacían las élites en el poder del erario público que se reflejaba como “ejemplo” para la sociedad; y el sistema de representación (democracia representativa) en el cual los representantes asumían las responsabilidades de los representados y éstos se fueron convirtiendo en seres inmovilizados, cuasi-inútiles que aprendieron a buscar riqueza a través de la vida fácil: cómo pegar un cuadro de caballo o ganarse un billete en la lotería. Paradójicamente, los sectores pobres eran quienes más inversión hacían en juegos de envite y azar. Eso ayudó a desarrollar la viveza criolla pero también a aumentar el auge de la delincuencia.
A partir de los años ochenta con la puesta en práctica de un nuevo Modelo de Acumulación de Capital sustentado en las  convergencias  de tres tecnologías puntas: la microelectrónica, la explotación de nuevos materiales conductores y almacenadores de grandes cantidades de información; y la biotecnología;   que dieron lugar a la industria de la información y el conocimiento. Esto permitió el surgimiento de la telemática que facilitó el montaje de la industria satelital  permitiendo llevar las comunicaciones a todos los rincones del mundo.
VII.            La industria de la información profundizó la alienación del pueblo
Esta nueva industria nace en un momento en que el capitalismo vive un proceso de mayor concentración y centralización de la propiedad en el mundo lo que explica que las comunicaciones fuesen acaparadas por grandes monopolios internacionales; el  neoliberalismo alcance un elevado auge como teoría justificadora de la apropiación privada de los recursos de todos y de achicamiento del tamaño y la participación del Estado en la economía y de algunas corrientes postmodernas que en el campo ideológico y cultural,  difundieron el fin de la historia, la muerte del sujeto y de los proyectos emancipatorios; y la sobre-ideologización del ser; factores que en conjunto propagandizaron y profundizaron un goce exacerbado, vivir el hoy y aquí porque  “no hay futuro”, “el futuro es hoy”, el individualismo, la libertad individual ilimitada; es decir, vendieron un modelo de ser humano exitoso en la medida en que es propietario de bienes,  que se  realiza socialmente en un desenfrenado hedonismo y un consumo extremo de las últimas mercancías exhibidas en el mercado como símbolo de status y distinción social: prendas unisex,  afamadas marcas de ropa, cosméticos y zapatos, entre otras; pero todo esto girando en torno a un culto al cuerpo, a la apariencia personal; a una exaltación de lo estético que  contrasta con el abandono de la formación y cultivo del espíritu. Se impuso  un modelo de sujeto de poco sentimiento y amor en el cual la vida gira en torno asimismo importándole poco el otro. El metrosexualismo es hijo de este proceso.
Pero la libertad individual del credo neoliberal se llevó a grado extremo  que los referentes de verdad se relativizaron a tal punto que absolutizaron lo relativo. A partir de aquí todo puede ser verdad.  “Todo vale”. Por esta vía los parámetros éticos existentes fueron diluidos y, en consecuencia, cualquier comportamiento es justificado con frases como: “déjame vivir”, “esa es mi verdad”, ”yo soy libre”.
 También coincide en este tiempo histórico con el fenómeno recesivo-inflacionario que vive el capitalismo mundial,  que impuso la necesidad de vender más y más mercancías y servicios de una economía altamente improductiva y terciarizada, amenazada por una crisis estructural de mayor contundencia. Este proceso abarcó la década de los ochenta, noventa y se profundizó y proyectó al siglo XXI en el mundo. En el último quinquenio de este siglo, el capitalismo impuso la modalidad del unisex como una forma de ampliar sus mercados y vender más; pero también rompió  algunas fronteras entre el hombre y la mujer haciendo difusa la diferencia entre uno y otro.
VIII.            El nuevo papel de los medios
A lo largo de este proceso, los medios de comunicación convertidos en  grandes corporaciones transnacionales, cumplen nuevas funciones: los mensajes pierden el carácter social que tuvieron en épocas pasadas y se convirtieron  en mercancías que tienen que venderse y vender; pero también son portadores de un contenido ideológico reproductor y legitimador  de la lógica del capital y difusor de contenidos políticos que sintetizan las aspiraciones políticas de los dueños de dichos medios, que quieren controlar, además del poder económico,  el poder político para legislar a favor de los intereses y la hegemonía de las grandes corporaciones de medios.
Los medios de comunicación  pasaron a jugar un papel determinante en la formación de opinión pública, a través de difundir matrices  que los ciudadanos  lo convierten en “sentido común” y de tanto repetirlo, terminan haciendo suyo un discurso construido desde los intereses de  los dueños de medios. Se vive  una dictadura mediática porque los medios imponen a la sociedad realidades virtuales que nada tienen que ver con lo que sucede en lo real. Como dice Gianni Vattimo: en la sociedad de la comunicación, el mapa no se corresponde con el territorio.
Con este poder, los medios, sobre todo los televisivos, se convirtieron en los grandes vendedores de un estilo de vista consumista y anti-ético;  dividieron a la sociedad entre exitosos y perdedores. Los exitosos son los propietarios con capacidad de consumo y los perdedores son todos aquellos que no poseen capacidad de consumo. Los exitosos se venden asociados a status social, al poder y con reconocimiento, mientras que los perdedores no tienen esa distinción pero tratan de imitarlos.
Los exitosos son presentados como el modelo social a seguir por los perdedores. Ser exitoso supone poseer dinero en abundancia para comprar las marcas reconocidas mundialmente y capacidad  para financiar el goce hedonista permanente.   
Aquellas personas sin capacidad de consumo de las mercancías que simbolizan reconocimiento social, al no poder obtenerlas a pesar del bombardeo permanente  que le crea la ficción de posibilidad, sufren frustraciones y en muchos casos, por su condición, son víctimas de rechazo social.
Pero aparejado a lo anterior, también los medios despliegan una programación sobrecargada de violencia, consumidas por niños y adolescentes, que  inducen a  comportamientos violentos. En general, los programas considerados de diversión son portadores de gran contenido violento que son vistos por la sociedad como algo normal, sumado a los deportes llamados de alto riesgo, han llevado a una pérdida de valor por la vida. La violencia se convirtió en el plato de todos los días y la vida no es difícil exponerla en cualquier esquina.
Un ser humano con una cultura facilista, inmediatista, individualista, sin referentes éticos y sin reconocimiento social pero asediado por la brutal y permanente incitación al consumo y al goce ilimitado; pero sin posibilidad de hacerlo por la falta de recursos, se ve en la necesidad de buscar  otras vías para obtenerlo. Eso ha llevado a muchos jóvenes y adultos a delinquir. Y luego la acción de delinquir como práctica social, se hace un oficio que va convirtiendo al sujeto en un delincuente sin escrúpulo para alcanzar sus fines. El fin determina los medios: si hay que asesinar a alguien para despojarlo de un celular o de un calzado  de marca, se hace. El sujeto no responde a lo pautado en la ley, a normas éticas, o a los convencionalismos sociales, sino a los códigos de la organización a la que pertenece y a sus propios motivos. El oficio hecho con éxito realiza al delincuente y lo reafirma. “En algo” es exitoso y su éxito vale tanto para él como el de cualquier profesional. Él también se ha hecho profesional de su oficio. Ahora convertido en héroe y con la recompensa en mano fruto de su “trabajo”, puede acceder al consumo promovido por el mensaje mediático, pero también gana  reconocimiento. Cada acción exitosa lo ratifica en su oficio lo que a la larga se convierte en un modo de vida. Cuando esto sucede las propuestas deportivas, culturales u oferta de trabajo se hacen insuficientes porque ya el delincuente encontró su forma de vivir.
Resumiendo: el capitalismo promueve a través de los medios de comunicación social un tipo de vida consumista para vender sus mercancías y maximizar las ganancias, al cual tienen acceso las élites de poder pero que están negadas para la mayoría de la sociedad que apenas tiene para sobrevivir; lo que lleva a algunos sectores a delinquir para acceder a las marcas de distinción promovidas.
De esta manera, se ha constituido en Venezuela, históricamente, una delincuencia endógena. Sin embargo,  en los últimos tiempos se ha agregado un tipo de delincuencia foránea como el secuestro exprés y el sicariato proveniente  de Colombia. Este tipo de delincuencia  es promovida con fines políticos en el sentido que es magnificada   por los medios de comunicación social para tratar de hacer ver al gobierno como ineficiente ante este flagelo. Y todo ello forma parte de un plan que busca salir de Chávez al precio que sea.
Como es notable, la delincuencia en el país tiene un origen multifactorial que aconseja ser abordada con una visión integral y con una nueva praxis social cotidiana para ir avanzando en la construcción de una nueva subjetividad y un nuevo ciudadano. En tal sentido, se proponen a continuación algunas ideas que pudieran contribuir a tal fin:
En lo inmediato:
1.      Promover una ley que reoriente y regule la publicidad hacia la promoción de valores, hechos históricos, nuestras bellezas naturales, iconos del deporte y la cultura. Las instituciones y empresas del Estado deben empezar dando el ejemplo.
2.      Diseñar micros en los cuales se promocione el trabajo como vía para mejorar la calidad de vida y auto-realización del ser humano, como contraparte al facilismo. Asimismo, se promocione el valor que tiene la vida de cada ciudadano venezolano (sobre todo la población joven) para el país. Estos micros deben ser parte de una política permanente de todos los días difundida por los medios del Estado.
3.      Diseñar  micros dirigidos al hogar que destaque la responsabilidad de los padres en la formación en valores y principios hacia los hijos desde temprana edad; y refleje al niño rechazando la delincuencia como vía de ascenso y reconocimiento social.
4.      Poner mayor énfasis en el trabajo de inteligencia contra las bandas con miras a su desmembramiento.
5.       Profundizar la formación psicosocial y humanista de la nueva Policía Nacional.
6.      Combatir la impunidad sobre los actos delictivos y, particularmente,  la corrupción como antivalor.
7.      Establecer un mayor control sobre cierta opulencia que se estila en la vida de algunas instituciones del Estado.
A mediano y largo plazo:
1.       Incorporar a los programas de formación de todos los niveles educativos, poniendo énfasis en la fase de preparatoria,  primaria y secundaria, la enseñanza de valores y principios de un humanismo colectivo no sólo desde el punto de vista informativo sino, sobre todo, formativo a través de juegos cooperativos y el trabajo colectivo en el desarrollo de los proyectos de aula y productivos.
2.      Profundizar  la cultura del trabajo como vía para alcanzar calidad de vida.
3.      Promocionar la vida, desde la Escuela, como un valor supremo y la dignidad como un principio emancipador.
4.      Impulsar programas de formación permanente en las comunidades: “Construyendo Ciudadanía” combinándolas con jornadas colectivas voluntarias de recuperación de espacios públicos, reparación de infraestructuras, compartir, etc.  con miras a bajar los índices de violencia.

lunes, 4 de abril de 2011

MARIÁTEGUI Y EL SOCIALISMO INDOAMERICANO(Debate con la III Internacional)

"No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia.
Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo
indoamericano."
José Carlos Mariátegui
En: "Aniversario y balance" (Amauta, No.
17, septiembre de 1928)

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Por:
Ángel Custodio Velásquez

INTRODUCCIÓN

América Latina en su producción teórica, se ha caracterizado, en buena parte, por seguir pensamientos y a pensadores europeos; los cuales han elaborado modelos teóricos y conceptualizaciones de una realidad distinta a la de nuestro continente y, con base en ello, levantaron teorías y proyectos societales que se han universalizado e impuesto en realidades socio-históricas muy distintas a las nuestras. Para algunos estudiosos de la materia, se debe al peso que tuvo –y aún tiene- el proceso de colonización en nuestros países con el cual no sólo suplantaron nuestra cultura autóctona sino también se nos impuso una suerte de colonización epistemológica, como dijera Aníbal Quijano.

Lo que estamos planteando no se debe a la ausencia de pensadores y teorías acerca de nuestro continente. Existen; pero la dependencia como impronta colonizadora, antes, y la ficción del sueño americano, después, instaló en nuestro inconsciente colectivo una especie de desarraigo que nos induce a valorar más “lo de afuera” que lo nuestro. Y en ese proceso obviamos nuestras creaciones, así como también a muchos pensadores que han hecho significativos aportes a la construcción de lo que podemos llamar el pensamiento político latinoamericano y caribeño. Eso ha pasado con Simón Rodríguez, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, José Martí, por solo nombrar algunos entre tantos que han realizado, en diversas épocas, conceptualizaciones sobre el continente y, en particular, de algunos países de esta parte del mundo. En contraste, desde finales del siglo XX y comienzos del XXI aproximadamente, con la caída de Europa del Este y, sobre todo, a partir del momento en que se arrecia la crítica sobre el agotamiento de los paradigmas que nacieron en Europa con el proyecto moderno en lo atinente a su imposibilidad de explicar un conjunto de fenómenos que acontecen en el mundo, con el actual desarrollo alcanzado por el sistema capitalista neoliberal, las experiencias inéditas del llamado Socialismo Bolivariano y el ascenso alcanzado por los nuevos movimientos sociales, se ha volcado la mirada hacia el interior del continente; pero también hacia dentro de cada país toda vez que América Latina no se puede comprender como un todo homogéneo.
Desde ese momento se ha iniciado un proceso de revalorización de lo nuestro; de comprender lo que somos y caminar la ruta hacia lo que queremos; de construcción de nuevas claves discursivas; hay un retomamiento de los símbolos patrios, una recodificación de lo político, de nuevas maneras de representarnos lo real y, en general, nuevas creaciones que cada día se parecen más a nosotros y nos identificamos más con ellas. Se trata de una tendencia hacia un reconocimiento de nuestra identidad, a través de diversas formas de resistencias que le ofrece el continente al gobierno planetario y la recolonización del mundo, dirigido desde el norte; para imponernos el modelo cultural y de vida americana.
Precisamente, esta reflexión va en la dirección de lo antes señalado en el sentido de mirar aspectos del cuerpo a nuestra América.
El trabajo tiene como objetivo establecer una aproximación a lo que José Carlos Mariátegui comprendió por Socialismo Indoamericano y ubicar los referentes teóricos con los cuales enfrentó a la III Internacional. La estructura es la siguiente: se hace una breve reseña histórica que ubica parte de la vida del autor estudiado; sus vínculos con la III Internacional y las diferencias con ésta, sobre: el “punto de vista anti-imperialista”, el problema de las “razas” en el continente, la situación del indio y el carácter del partido; temas en los cuales los delegados asistentes a la IV Conferencia Latinoamericana de la III Internacional, en 1929, en Buenos Aires-Argentina por parte del Partido Socialista del Perú (PSP), se confrontaron tanto con los representantes oficiales de la Internacional Comunista como con representantes de Partidos Comunistas del continente. Igualmente se reseña la política colonial burguesa e imperialista frente a las “razas” y se finaliza con las tareas fundamentales que propuso Mariátegui a la población indígena peruana y latinoamericana para el momento.
Este debate adquiere una significativa importancia por los temas que aborda como el Socialismo, el Partido, la política anti-imperialista los cuales, guardando las diferencias de tiempo y espacio, son temas que copan actualmente parte del quehacer político venezolano. Pareciera que la discusión es la misma en dos tiempos históricos distintos. Se espera, pues, haber cumplido el cometido.
I.- ¿Quién fue José Carlos Mariátegui ?.
José Carlos Mariátegui nació en el Perú el 14 de Junio de 1894. Vivió entre 1894 y 1930, fue escritor y periodista, conocido actualmente como el “primer marxista latinoamericano”. El primero en hacer un esfuerzo continuo y sistemático por aproximar el socialismo europeo a las características propias de América Latina. La ortodoxia stalinista luego de su prematura muerte en 1930, lo desplaza del marxismo acusándolo de romántico, populista, idealista y sepultando sus ideas en el olvido.
Con la Revolución cubana, se produce un revival de sus escritos, diferenciándolo de la ortodoxia marxista e intentando resaltar su visión heterodoxa. Esta lectura llega hasta los años 80, donde entre otros, José Aricó hace un esfuerzo por inscribir al amauta como el primero dentro de una tradición de intelectuales “auténticamente marxistas”.
A partir de los 90 los estudios mariateguianos se ven ampliados con nuevas lecturas que apuntan hacia las políticas culturales emprendidas por el peruano a lo largo de su vida. En este esfuerzo se encuentran -entre otros- Horacio Tarcus con el libro Mariátegui en la Argentina y Fernanda Beigel con El itinerario y la brújula. (Betta; Octubre 2005).
De su vida personal se puede decir que desde los 8 años padeció de una grave afección en una pierna, diagnosticada por el Dr.Uriel García Cáceres como una osteomielitis crónica. Según el mismo médico, Mariátegui pudo tener diabetes juvenil, con lo que se explicaría la tendencia a desarrollar infecciones; sin embargo supo reponerse y actuar incansablemente en pro de la construcción del mundo nuevo.
Asimismo, su amiga Magda Portal señalaba que él sufría mucho y sentía que moría pero no esperaba que fuera tan pronto. Mariátegui murió a edad de 36 años, 3 años menos que el Che.
En carta a Samuel Glusberg de noviembre de 1928 en ocasión de anunciarle que trabajaba sobre dos nuevos libros, le hablaba de su concepción del hombre nuevo; de aquel ; del luchador dialéctico, el revolucionario constructor de mundos; el socialista que sólo puede sustentarse en la afirmación de una vida heroica que se muestra en las cosas sencillas de la vida cotidiana, en la actitud hacia el trabajo, en la superación de las enfermedades; la entrega por el pueblo, el trabajo voluntario; en el desarrollo teórico, la polémica revolucionaria, en la construcción de una actitud vivencial acorde con la voluntad transformadora del pueblo, que se nutre a través de la satisfacción de sus necesidades a través de sus luchas . José Carlos Mariátegui vivió en 1919 con Doña Victoria Ferrer con quien procreó su primer retoño, una hija, doña Gloria María Mariátegui Ferrer, de la cual se entera de su nacimiento en París.
En Italia se une a Anna Chiappe Giacomini en 1921, con quien tuvo 4 hijos varones: Sandro (1921); Sigfried (1923), José Carlos (1926) y Javier Hugo (1928). (Ibidem).
Este hijo del país incaico, incursionó en muchos campos de la vida peruana y latinoamericana. Sus obras escritas versan, en lo fundamental, sobre lo político-literario, en un primer momento, ampliamente conocidas en su país natal por sus críticas a las prácticas culturales realizadas en el Perú para entonces; y, en un segundo momento, a lo político-sociológico que se hizo dominante en la producción de la etapa final de su vida. Ambas áreas temáticas estuvieron presentes a lo largo de su praxis como sujeto político y en sus escritos.
Empero, una de sus pocas obras sistematizada, como fue la Evolución Político-ideológica del Perú, mayormente periodística, no llegó a ser publicada y sus originales siguen hoy extraviados (Quijano, 1991).
Según Quijano, Mariátegui se confesaba marxista; sin embargo en su pensamiento se conjugan ideas metafísicas y místicas; y recibió influencias de pensadores como Nietzsche, Bergson, Sorel, Croce y Gobetti entre las reconocidas como principales, conjugando razón y emoción en una síntesis dialéctica. Resaltó la dimensión ética del marxismo.
No obstante, es probable que Mariátegui haya recibido una notable influencia de la revolución Bolchevique y particularmente de Vladimir Ilich Lenin. Esta presunción se sustenta en el escrito público que hiciera el Amauta a raíz de la muerte del líder soviético en el cual realzaba la obra y enfatizaba en el significado que tenía para los trabajadores en el mundo la muerte de Lenin.
Para 1917 Mariátegui tenía apenas 23 años; a los 25 se radicó en París; de allí pasó a Italia en donde mantuvo una fructífera relación con diversos pensadores. En la estadía en este país, pudo haber conocido parte del pensamiento de Antonio Gramsi el cual es reconocido por tener una concepción heterodoxa del marxismo. Si bien Mariátegui vivió y comprendió la imposibilidad del capitalismo como sistema económico-social, de resolver la situación de la población indígena en América latina, muere precisamente en el momento de una de las grandes crisis vivida por el sistema capitalista mundial como fue el punto crítico de 1929 que dio lugar, entre otras cosas, al quiebre del Estado Liberal y la inauguración de lo que se conoció en Europa como el Estado Benefactor y con una clara orientación keynesiana de la economía.
Mariátegui –visto desde hoy- hizo aportes importantes al proceso revolucionario latinoamericano; particularmente, logró hacer una construcción teórica a través de un proceso de síntesis y superación histórica entre los elementos universales, particulares y singulares constitutivos del marxismo, el mito y el modelo de organización indígena y sus elementos subyacentes para la revolución socialista, que le sirvieron para diseñar la propuesta política para el Perú.
Hizo uso de las teorías eurocentristas pero de manera crítica y creadora atendiendo a las especificidades de la realidad peruana para el momento y desde un enfoque de totalidad concreta entendiéndola como un sistema abierto en constante movimiento y transformación y, por tanto, en construcción permanente.
La posición de Mariátegui frente a las tesis del marxismo soviético, su carácter universalizante y sus apologetas en América latina y fuera de ella para los años 20, fue una singularidad de poca abundancia para el momento.
Mariátegui confrontó tanto el evolucionismo positivista de los marxistas después de la segunda guerra mundial, como la imposición de la secuencia histórica europea de los cinco modos de producción como teoría universalmente válida, según la cual la sociedad marcha de estadios inferiores a estadios superiores y la de que toda revolución tiene ya etapas previamente definidas, no importa dónde ni cuándo ocurra o pueda ocurrir. A las tesis del organicismo positivista, del universalismo y del evolucionismo histórico, Mariátegui las denominó “positivismo chato” y “evolucionismo pávido”. Disiente con la III Internacional en cuanto a la estrategia política utilizada para sacar a Perú del “atraso”. Rechaza la visión “etapista” y sostiene que la única vía para acabar con la dominación y el “atraso” que pesa sobre la comunidad indígena es el socialismo. Aunque el Perú se encuentre en un estado de inacabamiento, producto de un capitalismo inmaduro, con lo cual no cuenta con un proletariado fuerte capaz de llevar adelante la revolución, el sujeto revolucionario que intervenga en la construcción de un Nuevo Perú sobre bases socialistas no residirá solamente en el incipiente proletariado peruano sino también en el pueblo indígena .
En fin, Mariátegui logró establecer una forma muy particular de ver y concebir la realidad peruana; una visión en la cual razón y emoción; ciencia y mito iban de la mano en una relación de complementariedad.
Las tesis sociológicas y políticas de Mariátegui sobre la denominación de Socialismo Indoamericano que propuso para el socialismo en América Latina, fueron condenadas en la reunión de la IIIa Internacional en Buenos Aires (junio de 1929) por la versión para el momento más poderosa del materialismo histórico y del socialismo: el stalinismo. Dicho esto, pasemos a conocer cuáles fueron las posiciones políticas mantenidas en su relación con la III Internacional.
II.- Vínculo con la III Internacional y fundación del Partido Socialista del Perú
Hasta 1929 JCM realizó su labor intelectual y política sin vinculación con ninguna organización internacional. Sin embargo, participaba en el Perú en el Frente Único. El APRA era hasta entonces coincidente en sus aspectos más generales, con las Resoluciones de la III Internacional hasta su IV Congreso.
En ese año comienzan los debates y las divergencias dentro del APRA y la III Internacional. JCM participa en el IV Congreso a través de un delegado representante de los sindicatos peruanos: Julio Portocarrero. La orientación de la IIIa Internacional como línea de acción política para el Perú y a discutirse en el evento, fue la de romper política y organizativamente con el APRA, fundar el Partido Comunista Peruano (PCP) y afiliarlo a la III Internacional. JCM y su grupo rompen con el APRA pero fundan el Partido Socialista del Perú el 6 de Julio de 1928. Aún así, lo afilian a la III Internacional.
El PSP fue invitado a participar en la primera Conferencia Comunista Latinoamericana a celebrarse en Buenos Aires en Junio de 1929. Para esa reunión JCM escribió sus tesis sobre “El Problema de las razas en América latina” y “Punto de vista anti-imperialista”.
III.- Surgen las primeras diferencias en la Conferencia
Las diferencias surgieron desde un primer momento a propósito de la discusión acerca de la “La situación Internacional y los peligros de guerra”. El Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista (IC) en su informe hizo una severa crítica en cuanto a la falta de participación de los revolucionarios peruanos a favor del plebiscito en Tacna y Arica para el arreglo final del conflicto entre Chile y Perú. Hugo Pesce, delegado por el PSP en la Conferencia, se abrió en contra de la aplicación indiscriminada de una línea política internacional a cualquier situación y propuso:
(…) la necesidad de partir del estudio de las condiciones concretas y del comportamiento concreto de las clases sociales en un determinado conflicto. Y desde esa perspectiva afirmando que el proletariado peruano no estaba interesado en ese plebiscito como parte de una cuestión de autodeterminación de los pueblos, puesto que el conflicto sólo servía a burguesías de Perú y de Chile y al imperialismo (…) .

Pesce no se adhirió a la consideración hecha en el informe sobre el comportamiento de los revolucionarios peruanos por considerar que se trataba de un conflicto “patriotero” entre ambas burguesías y allí el PSP no tenía nada que buscar. Se corría el riesgo de confundir a los sectores revolucionarios el abogar por alguna de las dos fracciones burguesas. Eran los intereses de éstas y el imperialismo y no los de los pueblos peruanos y chilenos lo que estaba en juego.


IV.- “Punto de vista anti-imperialista”: Otra controversia
Sobre este aspecto, se generó un intenso debate entre los representantes de la IC y los delegados peruanos. Tres elementos fueron los ejes principales del debate: 1) sobre el carácter del imperialismo y sus efectos en la economía y la sociedad de América Latina y del Perú; 2) el carácter de la revolución y 3) las ligas anti-imperialistas como instrumentos de lucha contra el imperialismo. Los voceros de la IC en la Conferencia sostenían que:
(…) el carácter de la revolución en América latina era democrático-burgués y anti-imperialista, puesto que la alianza entre el feudalismo y el imperialismo era el eje del poder; y el feudalismo el sostén principal del imperialismo y, por lo tanto, mantenerlo era interés esencial y permanente de la dominación imperialista. Por ello, la lucha revolucionaria tenía que ser desarrollada ante todo como lucha contra el imperialismo y las ligas anti-imperialistas eran el instrumento principal de esa lucha, bajo la dirección de los partidos comunistas .

Sobre el carácter de la revolución, Mariátegui planteaba que la revolución debía ser socialista. En cuanto a la relación entre lo nacional y el carácter de clase de la revolución, estableció diferencias específicas entre Centroamérica y Sudamérica. Consideraba que en el segundo caso, era incorrecto plantear el anti-imperialismo como programa. Sobre la relación entre “feudalismo” e imperialismo, sostenía su carácter temporal, históricamente determinado, señalaba que tras la liquidación del “feudalismo”, se establecían bases más amplias para la dominación imperialista, si no se producía una revolución socialista. Los delegados en el Congreso defendieron estas tesis, se opusieron a que se formaran las ligas anti-imperialistas en el Perú y fueron duramente criticados por los delegados de la III Internacional.


V.- Debate sobre “El problema de las razas en América latina”.
La discusión se centró en torno de si era nacional o de clase el carácter básico del problema del campesinado indio. Sector social éste que vivía en una situación de servidumbre y la explotación a que fue sometida tanto por el blanco, desde la conquista española, hasta el criollo y el mestizo, inclusive. Situación que también trató de explicarse recurriendo al expediente de la supuesta inferioridad de los indígenas.
Sobre la situación del indio en América Latina, Mariátegui sostenía lo siguiente:
Las razas indígenas se encuentran en la América latina en un estado clamoroso de atraso y de ignorancia, por la servidumbre que pesa sobre ella, desde la conquista española. El interés de la clase explotadora, -española primero, criolla después-, ha tendido invariablemente, bajo diversos disfraces, a explicar la condición de las razas indígenas con el argumento de su inferioridad o primitivismo. Con esto, esa clase no ha hecho otra cosa que reproducir, en esa cuestión nacional interna, las razones de la raza blanca en la cuestión del tratamiento y tutela de los pueblos coloniales. (…) La explotación de los indígenas en América latina trata también de justificarse con el pretexto de que sirve a la redención cultural y moral de las razas oprimidas. (…) La colonización de América Latina por la raza blanca no ha tenido, en tanto, como es fácil probarlo, sino efectos retardatarios y deprimentes en la vida de las clases indígenas. La evolución natural de éstas ha sido interrumpida por la opresión envilecedora del blanco y del mestizo. Pueblos como el quechua y el azteca, que habían llegado a un grado avanzado de organización social, retrogradaron, bajo el régimen colonial, a la condición de dispersas tribus agrícolas. Lo que en las comunidades indígenas del Perú subsiste de elementos de civilización es, sobre todo, lo que sobrevive de la antigua organización autóctona. En el agro feudalizado, la civilización blanca no ha creado focos de vida urbana, no ha significado siempre siquiera industrialización y maquinismo: en el latifundio serrano, con excepción de ciertas estancias ganaderas, el dominio del blanco no representa, ni aún tecnológicamente, ningún progreso respecto a la cultura aborigen

Esta larga cita permite tener una ligera panorámica sobre las condiciones de vida de la población indígena en el Perú; la explotación de la que fue objeto; la suplantación de sus formas de vida y los avances alcanzados en la organización social; el desprecio recibido por blancos y criollos. A esto se sumaban las tesis de Aristóteles que consideraba la existencia natural de hombres esclavos y hombres patrones, por lo cual era conveniente que los primeros sirvan y los segundos manden; pueblos que naturalmente debían dominar y otros obedecer, tesis con las cuales se justificaban las invasiones y dominio sobre los pueblos considerados por ellos “raza inferior”; la expoliación de sus riquezas y suplantación de sus culturas por las de los europeos; proceso que, junto a la trata negrera, formó parte de la acumulación originaria de capital en las metrópolis . Por supuesto, para que existiera una “raza inferior” se supone la existencia también de una “raza superior”. Los europeos se creían –y aún se creen- esta última “raza” la cual servía de rasero para medir el progreso de los pueblos. Este discurso, hoy remozado con elementos del proyecto modernizador y el modernismo, formaba parte de los instrumentos ideológicos utilizados para implantar y extender en el tiempo su dominación.
Mariátegui llamaba problema indígena a la “explotación feudal” de los nativos en la gran propiedad agraria; pero consideraba además, que el capitalismo estaba imposibilitado como sistema económico y político para superar esta situación; por el contrario le sacaba el máximo provecho a la fuerza de trabajo indígena:
El indio, en el 90 por ciento de los casos, no es un proletario sino un siervo. El capitalismo, como sistema económico y político, se manifiesta incapaz, en la América latina, de edificar una economía emancipada de las taras feudales. El prejuicio de la inferioridad de la raza indígena, le consiente una explotación máxima de los trabajos de esta raza; y no está dispuesto a renunciar a esta ventaja, de la que tantos provechos obtiene

En la agricultura, el establecimiento del salario, la adopción de la máquina, no borran el carácter feudalizada de la gran propiedad. “perfeccionan, simplemente, el sistema de explotación de la tierra y de las masas campesinas. Buena parte de nuestros burgueses y “gamonales” (…) sostienen calurosamente que el problema indígena es, a su juicio, un problema étnico cuya solución depende del cruzamiento de la clase indígena con razas superiores extranjeras” (Ibidem). Más adelante Mariátegui insiste con más fuerza ratificando el desprecio que tanto burgueses como lo que el llamaba feudales sentían por los indios y los negros; pero además pone en evidencia la dicotomía prevaleciente en los sectores medios tratando de simular ser aristócrata o burgués, guardando distancia de la “gente de color” y, por otro, su cercanía con la plebe de color por su evidente mestizaje:
(…) la raza tiene, ante todo, esta importancia en la cuestión del imperialismo. Pero tiene también otro rol, que impide asimilar el problema de la lucha por la independencia nacional en los países de la América con fuerte porcentaje de población indígena, al mismo problema en el Asia o el Afrecha. Los elementos feudales o burgueses, en nuestros países, sienten por los indios, como por los negros y mulatos el mismo desprecio que los imperialistas blancos.(…)Y este sentimiento se extiende a gran parte de las clases medias, que imitan a la aristocracia y a la burguesía en el desdén por la plebe de color, aunque su propio mestizaje sea demasiado evidente

Sobre lo señalado acerca de la situación de los indígenas del Perú y el resto del continente, fue que Mariátegui y los miembros del PSP, levantaron las tesis del socialismo como la condición indispensable para superar el estado de cosas en que vivían los indios; y para la construcción de una vida digna. (…)”Lo que asegura su emancipación es el dinamismo de una economía y una cultura que portan en su entraña el germen del socialismo (…). El capitalismo, con sus conflictos, con sus instrumentos mismos de explotación, empuja a las masas por la vía de sus reivindicaciones, la conmina a una lucha en la que se capacitan material y mentalmente para presidir un orden nuevo” . Es necesario resaltar que la población indígena para 1929 representaba aproximadamente las cuatro quintas partes de una población total calculada en cinco millones de habitantes. El peso de la población indígena en la realidad peruana, no impidió que el PSP sostuviera que el problema fundamental eran las condiciones económicas-sociales de vida de la población étnica y no la “raza”. Asimismo, no menos del 90 % de la población indígena trabajaba en la agricultura con míseros salarios pero, la mayoría de ellos, no dejaron de ser agricultores. En tiempos de cosecha retornaban a sus pequeñas parcelas, las cuales eran insuficientes para su subsistencia. En la agricultura peruana para el momento reinaba un régimen de trabajo “feudal o semi-feudal”. El suelo era trabajado en casi todas las tierras de latifundio en forma primitiva. Los latifundistas se reservaban las mejores tierras para ellos; mientras que las pocas en manos de la población indígena eran exiguas y no permitían que éstos cubrieran sus necesidades vitales. De modo que los indígenas terminaban trabajando para los latifundistas.
En la hacienda, los indios, sus mujeres y niños estaban obligados a prestar servicios gratuitos a los propietarios, no sólo en la casa-hacienda sino también en las ciudades donde éstos residían. Situación parecida era la de las minas de explotación del cobre. Los mineros ganaban salarios que oscilaban entre S/.2.50 a 3.00; salarios elevados en relación a los veinte o treinta centavos que se pagaban en las haciendas de la sierra. No se reconocían los derechos de asociación de los obreros. En las lejanas regiones de la montaña, se sometía en frecuentes casos a los aborígenes a un “sistema esclavista” .
Sobre esta caracterización el PSP levantó las tesis que, sobre el problema indio, llevaron los delegados de ese partido a la reunión de la IIIa Internacional. No obstante, los voceros de la IC defendían lo nacional como el problema principal y por ello proponían la lucha por la autodeterminación nacional de los indios como la consigna decisiva de los comunistas en los países pertinentes. Aún cuando el representante del Secretariado de la IC se vio obligado a admitir que el problema indio era complejo en América latina; que la consigna de la autodeterminación de las naciones no lo agotaba; además la consigna con respecto al problema del indio en el Perú debía ser la lucha por la tierra, los delegados de la IC mantuvieron el planteamiento de la autodeterminación nacional de los indios por encima de las reivindicaciones de clase.
Igualmente, un delegado de apellido Martínez , asistente al evento por Venezuela, planteó la necesidad de no temer a la posibilidad de instaurar en el Perú un Estado nacional indio- como parecían temer los delegados peruanos- porque sería un Estado sin clases. El delegado peruano, argumentando el carácter histórico de todo problema nacional y que no puede, por tanto, considerarse fuera de cada situación concreta, sostuvo que: (…)” el problema racial indio no es necesariamente, en la actualidad, un problema nacional” agregó que la lucha contra la explotación y dominación de clase que pesaba sobre los indios, era la base de la alianza entre el proletariado y el campesinado indio; la liberación del indio de esa explotación y dominación de clase, era la condición para devolver al indio su capacidad para desarrollar libremente su cultura y sus derechos étnicos” . Más adelante planteó rotundamente (…)“rechazo de manera terminante esta concepción antimarxista. No sólo una revolución nacionalista; no sólo una revolución democrática-burguesa; sino tampoco una revolución proletaria, será capaz de crear automáticamente un Estado sin clases” .
La sobre-explotación y la violencia sistemática ejercida sobre los indígenas por parte de los hacendados y las autoridades al servicio de éstos, llevó a los indios a diversas sublevaciones que pasaron de ser inicialmente incidental y locales, a extenderse a regiones más o menos extensas, las cuales fueron reprimidas –la mayoría de ellas- con verdaderas matanzas ..
Para Mariátegui el problema indígena se identificaba con el de la tierra. La ignorancia, el “atraso” y la miseria no son más que consecuencia de su situación de servidumbre. Su reivindicación fundamental era la tierra; por tanto, consideraba que los indígenas debían dar un carácter organizado, sistemático, definido a esta reivindicación; tarea que debían realizar activamente.
También consideró que la formación ideológica de los indígenas sería posible en tanto que en los centros urbanos y las minas (…)” entran en contacto con el movimiento sindical y político. Se asimilan sus principios y se capacitan para jugar un rol en la emancipación de su raza (…)Los indios campesinos no entenderán de veras sino a individuos de su seno que les hablen su propio idioma” (…) . A ello agregaba los métodos de auto educación, la lectura regular de los órganos del movimiento sindical y revolucionario de América latina, de sus opúsculos; de las correspondencias con los compañeros de los centros urbanos. Así entendía se cumpliría su misión educadora. Además agregaba: “Una conciencia revolucionaria indígena tardaría quizás en formarse; pero una vez que el indio haya hecho suya la idea socialista, le servirá con una disciplina, una tenacidad y una fuerza, en la que pocos proletarios de otros medios podrán aventajarlo” . Consideró de primera importancia, darle al movimiento indígena, o negro, agrícola e industrial un carácter neto de lucha de clases; pero añadía que el problema indígena variaba de acuerdo con los países en tanto vivían situaciones que se diferenciaban unas de otras.
Con respecto a los negros en aquellos países en los cuales las grandes masas de éstos tenían una influencia significativa, también las consideró como un problema social y económico importante: (…)” en su rol de explotados, nunca están aislados, sino que se encuentran al lado de los explotados de otros colores. Para todos se plantean las reivindicaciones propias de su clase” .
VI.- El Carácter del partido: dos posiciones.
Fue uno de los temas más polémicos en la Conferencia entre los delegados de la IC y los representantes del Partido Socialista del Perú. Fue donde mayormente recayó la crítica de los delegados de la IC, los cuales rechazaron la idea del PSP, reclamaban su abandono y la inmediata fundación de un Partido Comunista. Se le criticaba al PSP que su base obrera y campesina no era clasista; mientras que a los peruanos se les instaba, simultáneamente, a organizar a ambos sectores en un partido comunista. La idea de incorporar intelectuales al socialismo y al partido también se les criticó por abrir las puertas a la pequeña burguesía como clase, insistiendo que los intelectuales –así en abstracto- eran normalmente traidores. Sin embargo, la mayoría de los partidos comunistas representados en la Conferencia eran abrumadoramente intelectuales; y todos los voceros de la IC igual. Al parecer se escondía detrás de las posiciones asumidas por los delegados de la dirección estaliniana de la III Internacional, lograr la total sumisión de los partidos comunistas de los países asistentes a los dictados de la dirección política de la IC (¿dominio eurocentrista?, ¿pensamiento único universalizado?). Al respecto, un delegado de la IC sobre el debate acerca del Partido Socialista Revolucionario de Colombia (PSRC), se expresó así:
(…) tengo la impresión (…) de que la adhesión del PSRC a la Internacional Comunista, no es motivada por la tendencia de modificar su ideología y encuadrar su acción táctica a los distados del KOMINTERN, sino que se trata de un partido que desea ampararse en el prestigio de la IC, verse apoyado por el movimiento comunista mundial para tomar el poder y luego no seguir el camino que le trace la III Internacional (…)

Puede inferirse los temores de los representantes de la III Internacional sobre el PSP, cuyos documentos contradecían las tesis principales de la IC para el continente y sus delegados defendían sus argumentos o criticaban otros con total independencia. Tenían que asumir esa posición en virtud de la formación y la cultura política que habían aquilatado durante tiempo de militancia al lado de Mariátegui. Éste hasta septiembre de 1929 defendió con vehemencia el carácter socialista del partido. Apenas murió en Abril de 1930, la IC envió comunicación a la dirección del partido presionando de nuevo para su conversión en partido comunista. Esta vez la IC se anotó un triunfo. En mayo del mismo año el PSP se convirtió en el PCP. Desde ese momento su accionar pasó a ser guiada estrictamente por las directrices de la cúpula dirigencial de la Internacional mencionada.
VII.- Política Colonial Burguesa e Imperialista Frente a las “Razas”
El capitalismo se sirvió de los sectores “feudales” para explotar en su provecho a las masas campesinas. Como en toda la América, los conquistadores españoles a su llegada cumplieron una doble función: por un lado convirtieron a la población indígena a la religión católica y, en el orden temporal, la encomienda debía proporcionar a la corona un tributo correspondiente, sin prejuicio de que el encomendero sacara para sí la cantidad que creyera conveniente. A lo largo del proceso colonizador, los curas aliados a las clases dominantes nacionales inculcaron en los indios un fanatismo religioso que, en gran medida, transformó las creencias iniciales de los indígenas. Sólo una conciencia de clase –decía Mariátegui- ; sólo el “mito” revolucionario con su profunda raigambre económica, y no una infecunda propaganda anti-clerical, lograrán sustituir los mitos artificiales impuestos por la `civilización` de los invasores y mantenidos por las clases burguesas, herederas de su poder. Había que conocer “la realidad concreta” para en consecuencia, trazar las políticas que hicieran posible la transformación de esa realidad. Además agregaba:
(…) nuestra investigación de carácter histórico es útil; pero más que todo debemos controlar el estado actual y sentimental, sondear la orientación de su pensamiento colectivo, evaluar sus fuerzas de expansión y de resistencia; todo esto (…) está condicionado por los antecedentes históricos, por un lado, pero, principalmente, por sus condiciones económicas actuales (…)

Esta visión de Mariátegui superaba la concepción pragmática, empirista e inmediatista de la política al fundamentarla en la investigación histórica; pero también ponía énfasis en “controlar el estado actual y sentimental” de los indígenas para “sondear la orientación de su pensamiento colectivo”; es decir, Mariátegui consideraba de vital importancia la animosidad de los sujetos para saber cómo estaban pensando como colectivo y hacia dónde se orientaba ese pensamiento. Se preocupaba por la subjetividad de los indígenas, cómo se representaban su realidad, cuáles eran sus verdades, sentimientos y aspiraciones porque comprendía que a los pueblos los mueven sus verdades no el voluntarismo preclaro ni omnipresente.
Sobre estas reflexiones Mariátegui le propuso un Programa de Lucha a la población indígena latinoamericana como base para una alianza histórica que creara las condiciones socio-políticas para su liberación de la situación de servidumbre y explotación de los sectores dominantes.

VIII.- Tareas Fundamentales para la Población Indígena
En las páginas anteriores se describe, de manera sucinta, la exposición de Mariátegui sobre la situación de las razas en América latina. A continuación se reseñarán las tareas que según él debían cumplir los Partidos Comunistas en el continente. Con estas tareas el Amauta peruano buscaba impedir que las burguesías del continente le imprimieran una orientación racial al problema de las razas y contraponer el carácter económico y social de esta problemática. He de señalar que la IC se puso en contra, en lo que a la “raza negra” se refiere, de las campañas que tendían a la formación de lo que ellos llamaron el “sionismo negro” en América latina.
Las reivindicaciones que según Mariátegui estaban planteadas en aquel momento y por las cuales debían luchar los trabajadores indios y negros explotados, serían las siguientes:
1. “Lucha por la tierra para quienes la trabajan, expropiada sin indemnización.
1.1.- Latifundios de tipo primitivo: fragmentación y ocupación por parte de las comunidades colindantes y por los peones agrícolas que las cultivan, posiblemente organizados en forma comunitaria o colectiva.
1.2.-Latifundios de tipo industrializado: ocupación por parte de los obreros agrícolas que los trabajan, organizados en forma colectiva.
1.3.-Los parceleros propietarios que cultivan su tierra, quedarán en posesión de las mismas.
2.- Formación de organismos específicos: sindicatos, ligas campesinas, bloques obreros y campesinos, ligazón de estos mismos por encima de los prejuicios raciales, con las organizaciones urbanas.
2.1.- Lucha del proletariado y del campesinado indígena o negro, para las mismas reivindicaciones que constituyen el objetivo de sus hermanos de clase pertenecientes a otras razas.
2.2.- armamento de obreros y campesinos para conquistar y defender sus reivindicaciones.
3.- Derogación de leyes onerosas para el indio o el negro: “sistemas feudales esclavistas”, conscripción vial, reclutamiento militar,etc” (Mariátegui; 256 y 257).
Únicamente, señalaba Mariátegui, la lucha de los indios, proletarios y campesinos, en estrecha alianza con el proletariado mestizo y blanco contra el régimen feudal y capitalista, pueden permitir el libre desenvolvimiento de las características raciales indias y podrá (…)”crear la ligazón entre los indios de diferentes países, por encima de las fronteras actuales que dividen antiguas entidades raciales, conduciéndolas a la autonomía política de su raza” .
Como es notable, Mariátegui propone una alianza histórica entre los sectores revolucionarios y potencialmente revolucionarios del Perú y del resto del continente en torno a un Programa que recoge las más sentidas reivindicaciones y las tareas históricas de los sectores que integren la alianza, para construir una fuerza ética-política alternativa, un nuevo bloque de poder que diera al traste con la dominación feudal-capitalista y la construcción del socialismo; pero no el socialismo europeo –ese que se pareció mucho al capitalismo- sino un socialismo con rostro latino, sin predeterminar el sujeto de antemano sino descubriéndolo por su compromiso práctico con el proyecto de transformación revolucionaria de la sociedad a través del análisis concreto de la situación concreta que se plantió transformar; un socialismo construido a partir de la cosmovisión del continente, con nuestro sincretismo cultural, combinando razón, pasión y “mito”; entendido como una construcción permanente y de todos los días: el Socialismo Indoamericano.
Estas reflexiones y la experiencia vivida por el Amauta pudieran contribuir a alumbrar el complejo camino que debemos transitar los revolucionarios y revolucionarias del continente en este siglo, para cumplir exitosamente con los retos que tenemos por delante.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

BETTA, Lorena. José Carlos Mariátegui o el socialismo indo- americano, www.alertart.com

GUERRA, Martín. (2007) Mariátegui y el Che Guevara: Tres coincidencias, dos paralelos y una concepción. La Mancha, año 5, Nª 38, págs. 8 y 9 , Caracas, Venezuela.


MARIÁTEGUI, José Carlos. (1984) Obra Política. Ediciones Era, S.A., México


QUIJANO, Anibal.(2005) José Carlos Mariátegui (Textos Básicos) , Fondo de Cultura Económica (Colección Tierra Firme), México.

sábado, 12 de marzo de 2011

LAS COMUNICACIONES Y LA DELINCUENCIA: UN TEMA DE DEBATE ACTUAL

Por:
Ángel Custodio Velásquez

El mundo actual ha experimentado un conjunto de cambios veloces, complejos y contradictorios que han impactado a toda la sociedad; particularmente a la economía, la política, lo social, lo cultural, lo ético, lo jurídico, entre otros, que les han dado un perfil muy particular a los países y a las sociedades.

A partir de los años ’80 el modelo de acumulación de capital de post-guerra sustentado en la industria automotriz y la Química que funcionaban como industrias puntas, fueron sustituidas por la industria de la información y el conocimiento, como resultado de las convergencias tecnológicas de la microelectrónica, la biotecnología y la explotación de nuevos materiales. Esta nueva industria, instalada en el marco de un mundo unipolar en lo militar pero tripolarizado en lo económico, produce información y conocimiento.
En esta nueva industria, tanto la información como el conocimiento pierden lo fundamental que tenían como valores de uso y toman el contenido casi absolutamente de valores de cambio. Ambos adquieren el carácter netamente de mercancías que tienen un precio de venta en el mercado.
En el caso de la información, ésta pierde, en gran medida, el carácter social que antes tenía. Ahora además de mercancía, es portadora también de un alto contenido ideológico toda vez que en el nuevo contexto mundial, cumple el papel de legitimar el capitalismo como el actual orden de dominación existente.
Así mismo, como parte de la competencia desleal de los grandes grupos de poder en el capitalismo que ha llevado a una mayor concentración de la propiedad a través de la conformación de grandes y poderosos grupos monopólicos los cuales controlan ramas completas de la economía hoy globalizada, también se han configurado monopolios de la información a través de la concentración de los grandes medios de comunicación.
El monopolio de la información por los medios ha conducido a que lo que sale al aire por la radio, lo que se ve en las pantallas de televisión y lo que se escribe en la prensa escrita, es filtrado por los dueños de medios y lo que finalmente se informa es lo que le interesa a éstos. Este fenómeno es internacional y se ha hecho dominante también en América Latina y en Venezuela; lo que ha llevado a algunos autores a sostener que: “(...) la sociedad en que vivimos es una sociedad de la comunicación generalizada, la sociedad de los medios de comunicación (‘mass media’) (...)” (Gianni Vattimo, 1990: 9). Los medios de comunicación juegan un papel determinante en la formación de opinión pública, a través de difundir matrices de opinión que los ciudadanos lo convierten en “sentido común” y de tanto repetirlo, terminan haciendo suyo un discurso que es construido desde los intereses de los dueños de medios. Esto se complementa con la mitificación que ha hecho la gente de la televisión en el sentido que existe una predisposición a aceptar como verdad lo que aparece en la pantalla; y lo que no sale en televisión sencillamente no existe. La gente ha perdido su verdad sobre la realidad la cual ha sido suplantada por la verdad que construyen los medios de comunicación. Poca gente analiza el mensaje; la mayoría lo repite como su verdad. Por eso es que en la época que estamos viviendo “(…) los medios de comunicación; (…) caracterizan a la sociedad no como una sociedad más ‘transparente’, más consciente de sí, más ‘ilustrada’, sino como una sociedad más compleja, incluso caótica(…)” y profundamente alienada (Vattimo, 1990: 12 y 13).
Como quiera que los medios también tienen que vender, algunos se han convertido en los mayores promotores del consumo desenfrenado pero también en promotores de violencia no tan solo cómo tratan informacionalmente los actos delictivos sino también por las películas que proyectan, las novelas que son portadoras de antivalores como la competencia, el egoísmo, el individualismo, el facilismo, entre otras cosas. Con el juego de imágenes, sonidos, símbolos y una diversidad de representaciones, los medios de comunicación construyen su propia realidad; es decir la realidad que les interesa proyectar a la gente. Esta realidad virtual suplanta a la realidad real, suplanta los hechos, los acontecimientos y hace que “el mapa no coincida con el territorio”. Gianni Vattimo interpretando el papel de los medios en la actualidad dice que: “(...)La realidad, para nosotros, es más bien el resultado de cruzarse y ‘contaminarse’ (en el sentido latino) las múltiples imágenes, interpretaciones, re-construcciones que distribuyen los medios de comunicación en competencia mutua(…)” (Vattimo, 1990: 15). La convergencia de este conjunto de factores ha llevado a que cada día tengamos una sociedad más violenta, lo que ha sido materia de preocupación y discusión en las últimas dos décadas del siglo XX y principios del XXI. De una u otra manera en la sociedad venezolana, los índices de delitos y de suicidios mantienen niveles significativos y cada día que pasa esta actividad pareciera aumentar.
La actividad delictiva en Venezuela tiene múltiples causas; pero es preocupante el tratamiento informacional que le dan los medios escritos a este problema al cual no solamente le dedican un gran centimetraje diario sino también ponen énfasis en la continuidad de robos, atracos, hurtos, suicidios, homicidios los cuales se abordan con sensacionalismo, exhibiendo fotos de los muertos y en los cuales los delincuentes son reseñados como suerte de héroes.
Este tratamiento informacional por parte de algunos medios de comunicación escritos a la actividad delictiva y a los homicidios y suicidios, se pudiera estar haciendo, quizás inconscientemente, apología al delito a delinquir a personas con grandes carencias psicosociales no necesariamente para resolver necesidades materiales sino más bien buscando imitar al héroe para lograr reconocimiento en ciertos sectores de la sociedad.
Algunos dueños de medios, en tanto empresarios, priorizan la rentabilidad de su mercancía porque trabajan con la comunicación con la lógica de obtener la máxima ganancia como en cualquier fábrica donde se produce salchicha. Se olvidan que la comunicación comporta un serio problema ético con la sociedad que espera de los medios un mensaje educativo, de optimismo, motivador y no lo contrario. Hay una concepción reduccionista y unilateral de la interpretación de la noticia al reducir ésta al suceso o a todo lo considerado malo por el empresario. Para ellos lo bueno que hace la gente no es noticia. Esto visto históricamente ha contribuido junto con el consumo desenfrenado al que ha sido sometida la sociedad desde 1920 aproximadamente, a crear un imaginario social signado por el morbo por los sucesos donde hay muerte, sangre, violencia en general. Un cuadro psicosocial de esta naturaleza, facilita la venta de los medios escritos que exacerban – a veces hasta sádicamente- los sucesos. Pero cuando se trabaja con lo más irracional del ser humano como es el inconsciente colectivo, no sólo se manipula a la persona sino también refuerza la inconsciencia y ésta aflora pulsionalmente en cualquier momento expresado en acciones de suicidio o de homicidio. Esto contribuye a enfermar más psicológicamente a la sociedad y estimula la violencia. Aquí radica el peligro de trascender los límites de lo racional con el tipo de mensaje que se construye desde ciertos medios de comunicación. Esta postura antiética no se puede defender con el manido argumento de la libertad de expresión. Los medios tienen que autorregularse si no quieren que el Estado y la sociedad los regule. Los medios pueden contribuir a construir paraísos o infiernos dependen de cómo se usen. Lo que algunos empresarios de medios entienden por libertad de expresión la cual es vender cualquier baratija publicitaria no importando el mal que cause socialmente, entra en contradicción con el derecho constitucional que tienen los ciudadanos y ciudadanas a estar bien informados y a conocer la veracidad de los hechos. A esto hay que encontrarle un punto de equilibrio en el debate. La crítica es sana. Nadie la niega. Lo grave es difundir mensajes fundados en la mentira o en el manejo morboso de la información.