Ángel Custodio Velásquez
Con
la invasión militar de los Estados Unidos a Venezuela el pasado 3 de enero de
2026 y el secuestro del Presidente constitucionalmente elegido por el pueblo
venezolano, Nicolás Maduro Moros; y la primera Dama de la República Bolivariana
de Venezuela, Cilia Flores; con un saldo de más de 100 muertos entre civiles,
incluyendo niños y adultos mayores, y
militares, destrozo a la infraestructura, profundos daños psicológicos causados
a la población por el terror de las bombas lanzadas, Estados
Unidos le declaró la guerra al mundo porque rompió con “Un orden basado en reglas” impuesto por ellos mismos y,
ahora, pretenden erigirse como el
policía del mundo imponiendo nuevas reglas basadas en sus intereses
particulares como potencia, para tratar de erigirse como el hegemón del mundo global.
Con esta agresión contra Venezuela,
Estados Unidos le está diciendo al mundo que ellos pueden invadir a cualquier
país de la tierra, violar su soberanía y apropiarse de sus riquezas naturales.
Es decir, estaríamos ante la legalización del crimen y un pillaje global en medio de un
mundo en caos. De manera que, de ahora en adelante, ningún país estará a salvo
y todos vivirán en una amenaza latente. Igualmente, otras potencias mundiales pudieran
hacer lo mismo con cualquier país que se
le antoje: ejemplo, invasión de China a Taiwan y no pasaría nada extraordinario
porque la guerra y la muerte se naturalizarían y viviríamos en una geopolítica
sin reglas. De ser así, estaríamos asistiendo a una especie de caos total, se
perdería la capacidad de diálogo y seguramente pudiéramos ir a una tercera
guerra mundial en la que todos perderíamos
porque la humanidad fenecería en
su totalidad, una posible nueva generación naciente, pudiera sufrir las consecuencias de los daños
de las bombas atómicas (matan por una combinación devastadora de onda
expansiva, calor extremo (quemaduras) y, crucialmente, radiación ionizante
(inicial y en la lluvia radiactiva), tal como lo vivieron los habitantes
de Hiroshima y Nagasaki, Japón, en agosto de 1945, por las bombas
lanzadas por los Estados Unidos a ese país, como señal enviada a la
extinta URSS.
Con esta invasión militar a Venezuela y el secuestro del presidente
Maduro y la primera dama, también mueren
las instituciones nacidas después de la segunda Guerra mundial para garantizar
la paz, como la ONU, y otras defensoras
de los Derechos Humanos. Colateralmente, Estados Unidos le declaró la guerra a
la perspectiva del mundo pluripolar y multicéntrico; y a los BRICS. Pero también avanza en la idea
de sacar a China de las relaciones con los países de este continente en tanto
que el país asiático es actualmente el segundo socio comercial de los países de
América Latina y, particularmente, los agrupados en el CELAC. De esta manera, Estados Unidos estaría
materializando la Doctrina Monroe definida en 1823: “América para los
americanos” que buscaba que otras potencias, sobre todo europeas, no penetraran
comercialmente lo que ellos consideraron era “su patio trasero”, es decir, su
área de influencia. En las condiciones actuales, la élite supremacista
gobernante en los Estados Unidos, reinterpreta la Doctrina Monroe y ahora es
“el mundo para los americanos”
Estas acciones de Estados Unidos responden a una
política deliberada definida en el reajuste de su política exterior en 1997,
después de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS) en 1991, con lo que buscaba “ajustar la política exterior de
los EEUU a las nuevas condiciones del sistema-mundo a finales del siglo XX y
principios del siglo XXI”[1]. Se proponen, con esa
política, establecer en todo el planeta lo que sus integrantes llaman Pax
Americana.
El objetivo esencial del Plan fue: Transformar a Estados Unidos, en la
única superpotencia, en un imperio planetario por la fuerza de las armas. En un
informe del año 2000 denominado: "La reconstrucción de las defensas de
Estados Unidos[2]",
se señala que el plan requería de un aumento del gasto en defensa y varios
escenarios de guerra, a fin de
establecer el dominio global
estadounidense. El presupuesto de
defensa de Estados Unidos para el año fiscal 2000 fue de aproximadamente 335
mil millones de dólares, representando alrededor del 17.1% del presupuesto
total, en comparación con los $266 mil millones y el 16.8% en 1990, mostrando
un incremento en el gasto en defensa en ese período[3].
Lo primero, se logró con el primer plan presupuestal de Bush, que
destinó al sector de Defensa el monto pedido en el informe de 2000, y se
establecieron varios acuerdos respecto
de las guerras a llevar adelante. Así, los hombres del PNSA estaban en posición ventajosa, para el
momento (…): Controlaban la Casa Blanca y el Departamento de Defensa, y dominaban a las fuerzas armadas y al servicio
de inteligencia. El Congreso, de mayoría republicana, estaba dispuesto a
aprobar casi cualquier cosa que propusieran. El objetivo subyacente definido
fue triple: 1) obtener el control sobre los yacimientos de petróleo para
financiar todo el proyecto; 2) enviar una advertencia a todos los líderes
religiosos y políticos de Medio Oriente; y 3) establecer un área de entrenamiento
militar en Irak para posibilitar futuras invasiones y derrocamientos de
gobiernos de la región, incluso de algunos que eran aliados de Estados Unidos. El
primer paso para establecer la Pax Americana fue sacar a Saddam
Hussein del poder en Irak, en 2003, con una coalición de países, sobre argumentos falsos, y crearon un protectorado estadounidense.
Después que destruyeron Bagdad, pidieron disculpas al mundo diciendo que Saddam
Hussein no tenía armas de destrucción masiva, pero entregaron a la empresa
norteamericana Halliburton, que tenía
cotizaciones muy bajas en la bolsa de valores,
la reconstrucción de Irak sin la aprobación del congreso.
Otro firmante del PNSA, el periodista Norman Podhoretz, en publicación en el periódico
Commentary, septiembre de 2002, señaló que los gobiernos que "realmente
merecen ser derrocados y cambiados no se limitan a los tres miembros del 'Eje
del Mal' (Irak, Irán, Corea del Norte). Dicho eje debería extenderse hasta
Siria, Líbano y Libia, así como hasta los 'amigos' de Estados Unidos: la
familia real saudita y Hosni Mubarak, de Egipto, junto con la Autoridad
Nacional Palestina, ya fuese (Yasser)
Arafat o cualquiera de sus secuaces".
Según Podhorotz, ésta era la base para lograr "la reforma interna
del Islam y su modernización, algo necesario desde hace mucho tiempo",
para imponer una sola religión universal: el protestantismo, hoy en franco
crecimiento en Venezuela. Poner en práctica esta política implicó que los
imperialismos territoriales, se unieran en uno solo para conformar el
imperialismo colectivo; el cual realiza invasiones más allá de sus territorios
actuando como una banda delincuencial de cualquier barrio venezolano.
Por la forma histórico-concreta que
asume hoy el imperialismo en el mundo, hace pensar que estamos en presencia de un imperialismo colectivo
delincuencial que invade países y desestabiliza gobiernos elegidos democráticamente,
contratando bandas mercenarias en el mercado de la guerra[4], que “siembran”
en los países invadidos, los cuales generan violencia sin límites
humanos hasta derrocar a sus presidentes. Eso ya se hizo en Afganistán, Irak, Libia y lo practican en Siria y se montó como
plan desarrollarlo en Venezuela. Detrás de
la élite que domina a los Estados Unidos, están miembros de gran poder
de decisión que forman parte del Club
Bilderberg quienes son realmente los que toman las decisiones y orientan estas
políticas al resto del mundo.
Las guerras previstas forman parte
con las invasiones a Afganistán, Irak, Libia, Siria y ahora Venezuela,
de las guerras ilegales y unilaterales. Incluso, en diciembre de 1989, Estados
Unidos derrocó al gobernante de facto de Panamá Manuel Noriega (también acusado
de narcotraficante).
De manera que la invasión a Venezuela era cuestión de tiempo para robar
su petróleo, riquezas naturales y detener la presencia de China y Rusia en el
continente tomando en cuenta que China es actualmente el segundo socio
comercial de los países latinoamericanos y caribeños, sobre todo los del CELAC.
Las invasiones militares a los países
de América latina no es nueva. Data desde la creación de la Doctrina Monroe en
1823 hasta la actualidad; como parte de los ajustes de su política exterior
para expandirse por el mundo o para imponer sus proyectos económicos; de allí
que las Invasiones militares, actos
injerencistas y similares de EEUU entre los Siglos
XIX-XXI , se estima superan las 400 en más de 21 países del continente;
algunos repetidas veces.
Pese a todo, la invasión de los
estados Unidos a Venezuela debemos interpretarla, en perspectiva, como un signo de debilidad debido a la crisis
energética que tiene como potencia para mover su industria
científico-militar-tecnológica, su crisis económica-financiera que lo ha
llevado, según analistas, al lavado de
dólares en su banca proveniente del narcotráfico[5], su deuda externa que
supera a más de 37 billones de dólares[6], las desigualdades
sociales en su interior, su declive como potencia hegemónica, la caída del
dólar y la disputa del continente y la hegemonía del mundo por los BRICS y,
particularmente, por China y Rusia. Pero pesa mucho en la economía
estadounidense, mantener 843 bases militares en más de 67 países y una
población adicta a las drogas de aproximadamente 102 millones de personas.
Pareciera que en lo inmediato a Venezuela le corresponde: Intensificar la diplomacia internacional en el sentido
de incidir en la movilización y organización del pueblo mundialmente; hacer
énfasis en la movilización de las mujeres a nivel mundial; exigir con la
presión internacional, la libertad inmediata
de Nuestro Presidente Nicolas Maduro Moros y la primera dama, Cilia
Flores; pero también la destitución de Donald Trump. Al interior del país,
mantener la calma y la cordura pero con el pueblo movilizado y haciendo un
esfuerzo colectivo por sacar el país adelante dándole continuidad a los planes
estratégicos definidos.
El
tipo de guerra del siglo XXI y la seguridad humana
Cualquier examen de la seguridad y sus
riesgos o amenazas, cuya ausencia constituye uno de los pilares de la
seguridad humana, ha de tomar en consideración sus aspectos políticos,
militares, sociales, económicos, humanitarios y ambientales, que conforman una
visión compleja y heterogénea de
seguridad. Para ello, es necesario centrar la atención en las amenazas
existentes y emergentes para la seguridad y el bienestar de las personas,
incluidas aquellas que se derivan de las consecuencias que la utilización de
altas tecnologías puedan ocasionar en relación con los conflictos armados que
se suceden y multiplican en la sociedad internacional contemporánea. Para ello,
hay que abordar algunos aspectos relacionados con los cambios que los avances
tecnológicos han propiciado tanto en la naturaleza y caracteres de los
conflictos armados del siglo XXI como los retos humanitarios y jurídicos que
suscitan los nuevos métodos y medios de guerra ligados a las altas tecnologías.
En efecto, a partir de los años ochenta del siglo XX, se produjo un
cambio de Modelo de acumulación de
capital fundado en tecnologías puntas como las Tecnologías de información y
comunicación (TIC) con los desarrollos de la microelectrónica, la biotecnología
y la explotación de nuevos materiales. Estas convergencias tecnológicas
generaron cambios sin parangón en la historia de la humanidad y, de allí, fue
surgiendo la sociedad de la Información y el conocimiento que impactó todos los
órdenes de la vida.
-
Estos avances
tecnológicos fueron aplicados en el ámbito militar y han ocupado un lugar
destacado en el surgimiento de nuevos medios y métodos de guerra que confieren
rasgos particulares a los conflictos armados de la nueva centuria y constituyen
uno de sus principales elementos de cambio.
-
Lo que convierte este elemento habitual de los
conflictos armados en algo novedoso es,
la celeridad y amplitud de los avances tecnológicos militares más recientes,
que ha merecido el calificativo de auténtica “revolución” tanto por parte de la
doctrina[7] como de los estrategas y
autoridades militares[8], que acuñaron ya en la
década de los años ochenta del siglo pasado, con la que se “intenta describir
cómo las nuevas tecnologías de la información aplicadas al mando y control de
las unidades militares en operaciones están transformando el modo de entender
la guerra”[9].
-
Esta “revolución en asuntos militares”, se sostienen
sobre tres pilares tecnológicos: sensores, sistemas de comunicación y armamento[10], venía a poner de
manifiesto la transformación de los conflictos armados con la incorporación de
las tecnologías de la información a éstos y el desarrollo de formas más sofisticadas
y descentralizadas de organización militar en el seno de una sociedad global permanentemente
interconectada. Todo ello motivó la
integración de esas nuevas tecnologías, doctrinas, formas de organización de la
fuerza y conceptos que guían su empleo en operaciones, convierte en irrelevante
u obsoleto el estilo militar anterior[11].
-
Con estos nuevos medios se adquiere una visión general
del teatro de operaciones bélicas que reduce la incertidumbre y posibilita la
digitalización de la realidad[12]. Además, “la tecnología
permite seccionar al enemigo siguiendo las líneas de fractura de las sociedades
lo que posibilita hacerlo con bajos
niveles de resistencia, convirtiendo en
inoperantes los medios del rival con golpes incisivos dirigidos contra sus
infraestructuras y sus sistemas de mando y control”[13].
-
La celeridad en
los avances tecnológicos y el desigual acceso a éstos por parte de los
beligerantes, unido a la inclusión entre ellos de actores no estatales, se
encuentra también detrás de las llamadas “guerras asimétricas”, que los
analistas militares equiparan a las mencionadas guerras de cuarta generación,
en referencia a aquellos conflictos armados que se desarrollan entre ejércitos
estatales y actores no estatales y suponen la pérdida del monopolio de la
fuerza o del uso de la fuerza internacional por parte de los Estados[14].
-
Los rápidos logros alcanzados en la llamada era de la
información han favorecido el surgimiento y consolidación del ciberespacio como
un fenómeno multidimensional y transformador no sólo de las relaciones
internacionales políticas y económicas sino también de las militares[15], de tal manera que el uso
hostil del mismo ha venido a ocupar un lugar destacado entre las preocupaciones
de seguridad no sólo de los gobiernos, sino también de los particulares,
empresas y otros actores internacionales.
-
De la protección de las capacidades cibernéticas de
las que depende el potencial militar de cualquier beligerante, con
independencia de si, éste puede ser
considerado un Estado o actor no estatal “hig-tech”[16] o “low-tech”, en la
medida en que los avances del internet y su presencia intrusiva en la vida
cotidiana de cualquier ser humano sobre
el planeta, no sólo hace más vulnerable a la sociedad internacional en su
conjunto, sino que constituye un medio de combate especialmente idóneo para el
contendiente técnicamente más avanzado
debido a su fácil acceso, escasa o nula regulación, anonimato, bajo coste
económico, rapidez y efectividad.
-
La progresiva robotización de las fuerzas armadas ha
adquirido un papel destacado en el contexto de los conflictos armados en la era
de la información, en especial con la utilización de vehículos aéreos no
tripulados, más conocidos popularmente como drones, “en tanto proveedores de
inteligencia y, cada vez más, como plataforma de armas, amén de otras
funciones”[17]. Estos robots militares o vehículos aéreos no
tripulados son el resultado de operaciones humanas y tecnológicas, por lo que
sus funciones críticas son controladas a distancia por un operador humano
y gozan de menor autonomía[18].
-
Estas innovaciones tecnológicas han dado lugar a la
distinción entre los denominados vehículos aéreos no tripulados (o UAV), y los
vehículos aéreos de combate no tripulados (o UCAV)[19], convirtiéndolos en un
elemento estratégico clave dada la naturaleza asimétrica de la mayor parte de
los conflictos contemporáneos. Ello ha
permitido constatar sobre el terreno las ventajas que desde una perspectiva
militar ofrecen estos vehículos aéreos de combate no tripulados.
-
Merecen destacarse
entre otros aspectos[20], la utilidad de los UAV
para recabar y entregar información detallada sobre las fuerzas enemigas y
realizar tareas de vigilancia de objetivos concretos; así como la capacidad
casi instantánea de los UCAV para pasar a la acción ofensiva sin poner en peligro
al personal militar durante el combate.
-
El coste en bajas civiles provoca, por otro lado, un
lógico rechazo en las comunidades locales y favorece una opinión pública
contraria a quienes los utilizan, sin que ello suponga garantizar que los
operadores de los drones de combate escapen al síndrome de estrés post
traumático ligado tradicionalmente a los soldados en el frente de guerra[21].
Estos son, apenas, aspectos del
tipo de guerra que enfrenta la humanidad en este momento, en la que nadie está
a salvo amparado en un color político. Las bombas y los drones son programados pero no logran diferenciar entre un bando y
otro. El capitalismo con su cultura e ideología, ha deshumanizado tanto a los
seres humanos que a las élites de poder no les interesamos. Para ellos los
seres humanos somos un recurso útil en
la medida en que producimos valores de cambio y ello obtener la máxima ganancia, concentrar
y centralizar capital y tratar de
perpetuarse en el poder.
Esto es parte de los retos que tiene la humanidad para optar por la
vida; el 3 de enero de 2026, fue Maduro y la Primera Dama, mañana puede ser
cualquier presidente o país del mundo; pero también es un reto para los países con avances
tecnológicos bajos; porque estamos a
expensa de las decisiones de quienes tienen altos avances tecnológicos. Por eso
la necesidad de que los pueblos del mundo nos movilicemos para detener la
guerra. O detenemos la guerra o nuestra civilización desaparecerá por las
acciones de los desquiciados y lunáticos que dirigen el mundo.
Referencias:
[1] Velásquez, Angel C. (2017) Ataques
contra Venezuela, constituyente y lo que
pudiera venir, disponible en: www.indocracia. blogspot.com, 20 de junio, visitado el 12 de enero de 2026
[2]Disponible:
https://www.google.com/search?q=Pax+American%2C+%22La+reconstrucci%C3%B3n+de+las+defensas+de+Estados+Unidos&oq=Pax+American%2C+%22La+reconstrucci%C3%B3n+de+las+defensas+de+Estados+Unidos&gs
[3]
Disponible en:https://www.google.com/search?q=Presupuesto+en+defensa+de+Estados+Unidos+para+el+a%C3%B1o+2000&oq=Presupuesto+en+defensa+de+Estados+Unidos+para+el+a%C3%B1o+2000
[4] Ver Uesseler, Rolf (2007). La guerra
como negocio: como las empresas militares privadas destruyen la democracia,
Grupo Norma Editorial, Colombia
[5]https://www.google.com/search?q=lavado+de+d%C3%B3lares+en+la+banca+de+Estados+Unidos+proveniente+del+narcotr%C3%A1fico&oq=lavado+de+d%C3%B3lares+en+la+banca+de+Estados+Unidos+proveniente+del+narcotr%C3%
[6]https://www.google.com/search?q=deuda+externa+de+los+Estados+Unidos+que+supera+a+m%C3%A1s+de+37+billones+de+d%C3%B3lares&oq=deuda+externa+de+los+Estados+Unidos+que+supera+a+m%C3%A1s+de+37+billones
[7]
Baqués Quesada, J., "Las guerras híbridas: un balance provisional",
Boletín Electrónico del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento
de Trabajo 1/2015.
[8] Bellflower, J.W., "4th
Generation Warfare", Small Wars Journal, 4 (2006)
[9] Blank, L.R., "After 'Top Gun':
How Drone Strikes Impact the Law of War", University of Pennsylvania
Journal of International Law, 33 (2012).
[10] Blom, J.D., "UAS: A Historical
Perspective", Combat Studies Institute Press, Kansas, (2010).
[11] Bhuta, N., "States of
Exception: Regulating Targeted Killing in a 'Global Civil War', en Philip
Alston y Euan Mc Donald, eds.: Human Rights, Intervention and the Use of Force,
Oxford, Oxford University Press, 2008.
[12] Clarke,
R.A. y Knake, R.K., Guerra en la red. Los nuevos campos de batalla, Barcelona,
Ariel, 2011.
[13] Colom,
G., Entre Ares y Atenea: el debate sobre la Revolución en los Asuntos
Militares, Madrid, Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, 2008.
[14] Lind,W.S., Understanding
Fourth Generation War, Military Review, (2004).
[15] Torres,
M., "Los dilemas estratégicos de la ciber-guerra", Revista Ejército,
2011
[16] Zelik,
R., "La Guerra Asimétrica. Una lectura crítica de la transformación de las
doctrinas militares occidentales", Estudios Políticos, 39 (2011).
[17] Javier
Jordán y Josep Baqués, Guerra de Drones. Política, tecnología y cambio social
en los nuevos conflictos, op. cit., p. 144.
[18]
“la tecnología va a ir avanzando y ya
hay RPAS civiles que son capaces de realizar casi todas las operaciones básicas
por sí mismos, pero por el momento esto no se ha dado en el sector militar y si
se diera, provocaría un claro problema al derecho internacional al sacar al
humano de las operaciones militares”: vid. Borja Llandrés Cuesta, Los UAS, una
valoración sobre su uso, “Boletín Electrónico del Instituto Español de Estudios
Estratégicos”, Documento de Opinión 134/2015, p. 8.
[19] Siglas
correspondientes a las expresiones en inglés “Unmanned Aerial Vehicles” y
“Unmanned Combat Aerial Vehicles”, respectivamente.
[20] Bradley Strawser, Moral Predators:
The Duty to Employ Uninhabited Aerial Vehicles, “Journal of Military Ethics”, 9
(2010), pp. 342-368.
[21] Borja
Llandrés Cuesta, Los UAS, una valoración sobre su uso, op. cit., p. 6.